
Graves pero estables es una sátira monumental sobre la familia, la fama, la televisión basura y la absurda burocracia emocional en la que vivimos. Escrita con una brillante mezcla de humor negro, ternura involuntaria y caos narrativo, la obra gira en torno a Melitón Moctezuma, un hombre común —torpe, cariñoso, desastroso— que intenta cumplir la última voluntad de su padre moribundo: encontrar a su medio hermano, un afamado conductor de televisión, y llevarlo al hospital para despedirse.
Lo que parece una simple tarea se convierte en una odisea mediática que involucra marchas vecinales, persecuciones, chantajes, programas en vivo, diagnósticos clínicos y un perro celebridad. El hermano ausente es Gonzalo Ccetino, figura pública impecable —al menos frente a las cámaras—, que enfrenta el escándalo de ser acusado de abandono filial mientras intenta salvar a su perra Cleo. Entre ambos se desata un duelo tragicómico de identidades, deberes familiares y reputaciones que se derrumban en directo por televisión nacional.
La obra navega con maestría entre el melodrama telenovelesco y el teatro documental, construyendo escenas memorables cargadas de ironía y verdad. Enríquez se vale de un lenguaje ágil y cotidiano, repleto de frases hilarantes que contrastan con los momentos de introspección más crudos y sinceros. En medio de tanto delirio, emerge una pregunta simple pero demoledora: ¿quiénes somos cuando nadie nos ve… y quiénes cuando todos lo hacen?
Mezcla de humor, tragedia y sátira televisiva en una historia donde un padre moribundo pide justicia… y un poco de atención.
“Un remolino de emociones, enfrenta al espectador a sentimientos que tal vez no sepa que están dentro de ellos.”
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